El chiste de los frijoles

26 de septiembre de 2007 Autor: PaUeT Categoria: Humor

Había un tipo que tenía una loca pasión por los fríjoles fritos. Él los amaba, aunque siempre que los comía, le producían unos espantosos e interminables gases letales. Un día conoce a una chica y se enamora.

Cuando ya era una realidad que se casarían, se dijo a sí mismo; “Es tan dulce y tan gentil, que nunca aguantaría algo como mis pedos”. Así que el tipo hizo el sacrificio supremo y dejó los frijoles fritos. Se casaron y meses después, su coche se descompuso, mientras iba al trabajo.

Llamó a su esposa y le dijo que llegaría tarde porque tendría que caminar muchos kilómetros antes de llegar a casa. En el camino, se paró en una cafetería, no aguantó la tentación y ordenó 3 porciones de fríjoles fritos.

Todo el camino a casa se la pasó tirándose pedos y más pedos y al llegar a la casa, él se sentía lo suficientemente seguro de que había expulsado hasta el último suspiro del recto.

Su esposa estaba muy contenta por su llegada y agitada al verlo, le exclamo: “Mi amor, esta noche te tengo una increíble sorpresa para cenar”.

Para la sorpresa, ella le vendó los ojos en la entrada de la casa y lo acompañó hasta la silla del comedor, donde lo sentó. Justo cuando ella le iba a quitar el vendaje de la cara, sonó el teléfono.

Ella le dijo: “No te quites el vendaje de la cara, hasta que yo termine de hablar por teléfono y llegue contigo”.

Teniendo en cuenta la oportunidad de su insistencia, apoyó todo su peso sobre una pierna y dejó escapar un suave pedo. No fue lo suficientemente ruidoso, pero tan fétido y oloroso que sólo lo soportaría el autor del mismo. Sacó su pañuelo y empezó a moverlo vigorosamente para ventilar un poco de aire.

Todo volvió a la normalidad cuando de pronto siente ganas nuevamente de tirarse otro, por lo que vuelve a apoyar el peso de su cuerpo sobre una pierna y “pppppprrrruuuummm”. A diferencia del anterior, éste podría matar a cualquier mosca a 2 metros a la redonda, era tan apestoso que se podía hasta ver. Mientras tanto desesperadamente mueve el pañuelo para mover el aire y ventilar más.

Con un oído atento a la conversación telefónica, le vienen ganas de echarse otro, y puta !!! se lo tira, que cosa tan espantosa…era verdaderamente pestilente. Orgullosamente lo olfatea y lo disfruta. Sigue moviendo el pañuelo para hacer un poco de aire, hasta que escucha que su esposa va a colgar el teléfono, lo que indica el fin de su libertad para tirarse los pedos.

Coloca el pañuelo en su pierna y cruza las manos encima de él, con una risa de oreja a oreja, lo que sin duda alguna es la mejor imagen de una persona inocente.

La esposa, disculpándose por haber hablado tanto tiempo por teléfono, le pregunta si se había movido el vendaje y había visto algo. Él le asegura que no había visto nada. Entonces ella le quita el vendaje de los ojos y allí estaba la sorpresa:

Quince invitados a cenar, sentados alrededor de la mesa para su fiesta sorpresa de cumpleaños !!!

Hay 1 Respuesta a “El chiste de los frijoles”

  1. Jacob dice:

    je je je, que bueno!!!
    Ya me explicaras algun dia de donde sacas esos chistes, eres un crack

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